Leí hace tiempo un libro introductorio sobre la programación neurolingüística (PNL). La PNL es una especie de compendio que combina ideas de la informática, la psicología y la lingüística. El objetivo es aportar una serie de modelos y herramientas para entender cómo funcionan nuestros procesos mentales, y puntualmente tratar de cambiarlos. Así que cuando encontré el libro Manual del cerebro para usuarios en una librería, lo hojeé, me interesó y lo compré.
La herramienta principal de la PNL es el lenguaje, que ayuda a analizar nuestros propios modelos mentales. Según la PNL, nuestro uso de la lengua es un reflejo de nuestro esquema mental. Identificar patrones de nuestro lenguaje permite identificar nuestros patrones mentales. Aunque no es un proceso directo, el cambio de patrones lingüísticos incide en el cambio de patrones mentales.
La posibilidad de utilizar el habla como herramienta de cambio ha permitido introducir la PNL en áreas como el management, el coaching, la comunicación y el marketing. Debatir su utilidad puede ser polémico, porque los resultados dependen del usuario de las herramientas. No entraré en estas cuestiones.
Entrando ya en el tema que quería tratar, hay un área de la PNL que es especialmente seductora. El libro mencionado desmitifica este área, añadiéndole a su vez más interés. Me refiero a la hipnosis.