No etiquetas solamente un recurso: lo haces visible a los demás, y esperas que sea de utilidad, porque la fuente parece de fiar, el autor tiene renombre, su pagerank es alto.
Al etiquetar, emprendes la tarea de hacerte diferente para sentirte más cercano a los demás, compartir para comunicar, etiquetar para socializar.
Etiquetas el dilema entre mantenerte fiel a tu folksonomía o evolucionar e incluir las etiquetas más utilizadas en tu red social.
No etiquetas un recurso: tú eres el etiquetado.
No todo viene de un anuncio de coches: Julio Cortázar ya lo dijo en su preámbulo a las intrucciones para dar cuerda a un reloj.