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19
sep 2008

La asimilación de información en la era digital

Lo leo a menudo.  Parece que es una cuestión general y he de aceptar que en parte a mí también me sucede.  Pero en el fondo no estoy de acuerdo.

Me refiero a la tónica general de afirmar que el entorno digital debilita nuestra capacidad de leer pacientemente un libro o, en general, de asimilar nuevos conocimientos. En el contexto de esta afirmación acostumbra a aparecer la palabra Google como parte de la causa .

De acuerdo con que el acceso a tanta información es algo que nos ha afectado en la forma de asimilar la información.  Sin embargo, el ruido ambiental no nos debe dejar necesariamente sordos, especialmente cuando podemos filtrarlo. Si el ruido informacional es el río revuelto, todos somos pescadores de nuestra potencial ganancia...

Asimilación y usabilidad

Entiendo que asimilar o aprender es usar la información de forma que resuelva un conflicto cognitivo a cualquier nivel.  Y aunque pueda parecer un abuso del lenguaje, yo deduzco que asimilar implica analizar la usabilidad de un conocimiento para nuestros objetivos.

La relevancia es una de las herramientas que hay que saber usar para aprender. Lo que sucede es que hasta el momento la relevancia ha aparecido como algo muy inherente a la unidad informativa (el documento) y a un canal de distribución muy concreto (el proceso editorial).

Ahora hay más palancas que calibrar en el momento de valorar la relevancia de un contenido.  Una información llega estructurada y ponderada de mil formas diferentes, por gran variedad de fuentes y canales, y con enfoques a veces difíciles de conciliar.

La estructura de red a través de la cual se está difundiendo la información no garantiza que ésta nos llegue antes ni mejor: sólo aumenta la garantía de que nos llegará.  Al romperse la cadena lineal de la edición y producción de contenidos, la primera cuestión a plantearse no creo que sea si la calidad de éstos disminuye (aunque también lo hagamos), sino la cantidad de informaciones que se han perdido cuando los canales de difusión eran tan reducidos.

Es por eso que el contexto en el que esa información se ha creado afecta mucho más que antaño. Pero no tanto por el hecho que exista un autor original que la crea, sino por el potencial de difusión que tiene esa información en la nueva situación. Y de ello se deriva la dificultad de ponderar la relevancia en un ambiente ruidoso.

Si el movimiento se demuestra andando, la asimilación se demuestra escribiendo y releyendo.

Para el lector infoxicado: escribe y relee

Bea ya lo comentaba hace un tiempo: escribir forma parte de la terapia . Quizá no sea desde el punto de vista que ella lo enfoca, porque tampoco es necesario convertirse en blogger para superar un trauma.  Pero estoy convencido que escribir ayuda a asimilar mejor la información.

El hecho de escribir conlleva entender la dificultad de estructurar una idea de modo que sea inteligible para uno mismo y para los demás.  Leer lo escrito nos hace entender lo complejo que es salir de nosotros para aportar algo (no sólo a los demás, sino a uno mismo) y comprobar que siempre hay lagunas. Por encima de todo también nos obliga a escoger lo necesario y descartar lo superficial: la verborrea leída es mucho más indigesta si la crea uno mismo.

Lo más importante de todo, es que este ejercicio nos traslada al tempo de quien escribe.  Si lees este artículo y no escribes a menudo, quizá te sorprenda saber que lo que tú lees en apenas tres minutos, yo he tardado sesenta en escribirlo. Los pensamientos que se tienen en tres minutos o en sesenta son tan diferentes (especialmente si cambiamos del ritmo de escribir al de leer) que es obvia la dificultad de asimilar.

Releer lo propio nos transporta al tempo de escribir: quizá así sepamos asimilar mejor.  No es necesario leer al ritmo que se escribe, pero sí es necesario asimilar con ese ritmo. El eco de la lectura es como el movimiento para separar la paja del grano: un movimiento hacia arriba, y que las cosas caigan por su propio peso. Se puede repetir el movimiento tanto como apetezca, pero a un ritmo suficientemente lento como para no acabar hundidos en un pajar.

Filtrar es cuestión de tiempo

Al cambiar ese ritmo también sucede algo inesperado: nos damos cuenta que quizá lo que leemos no merezca tanto nuestro tiempo. El tiempo es escaso, quizá lo único realmente escaso para aprender: el saber no ocupa lugar, pero ocupa tiempo. Si esa sensación de perder el tiempo se tiene a menudo para una misma fuente o canal, ya tenemos una conclusión: la fuente no es interesante para nuestro conocimiento.

Escribir y releer es la base para mejorar la usabilidad de nuestro conocimiento Guiño.

Todo lo comentado es una reflexión personal, a la que desde luego me gustaría adjuntar vuestros comentarios... aunque sea para decir que no valió la pena perder vuestro tiempo Llorando.

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